Hay momentos en los que uno espera una respuesta, un eco, una señal del mundo.
Y cuando nada llega, la mente se agita, el corazón se encoge. Nos decimos: “Quizás no toque a nadie. Quizás el mundo no esté listo.”
Pero a menudo, el silencio es la forma más elevada de escucha.

Desde el nacimiento de la Sageocracia, muchos han sentido un llamado, una alineación, una evidencia interior.
Sin embargo, el mundo exterior parece no conmoverse: sin artículos en los medios, pocos compartidos visibles, pocas reacciones aparentes.
Y aun así, en lo invisible, algo trabaja, se ajusta, se prepara.

El mundo antiguo funciona en el ruido, la reacción y la visibilidad.
El mundo nuevo actúa en la profundidad, en la lentitud de lo vivo.
Una semilla no hace ruido cuando germina.
Se transforma en la oscuridad de la tierra, en el silencio absoluto.
Es ese silencio el que nutre su fuerza y su dirección.

La Sageocracia no es una idea que deba difundirse, sino una vibración que debe reconocerse.
Y para muchos, esta vibración requiere un tiempo de ajuste, de digestión y de asimilación.
Antes de decir “sí”, las almas sienten, comparan, observan.
Prueban la frecuencia, buscan saber si es estable, verdadera y duradera.
Todavía no responden, no por indiferencia, sino por preparación interior.

Vivimos un cambio de era que aún no es visible a simple vista.
Las fuerzas antiguas intentan retener, distraer y generar duda.
Pero en la calma del corazón, se instala otra realidad.
La ausencia de eco exterior es, a menudo, señal de que el nuevo campo vibratorio ya actúa profundamente en lo invisible colectivo.

No debemos confundir el silencio con la indiferencia.
Lo que llamamos “silencio” puede ser la escucha del mundo interior, la respiración antes del movimiento, el espacio donde se teje el próximo aliento.

El Viviente no se apresura.
Actúa en la medida en que la conciencia se abre.
Y cuanto más puro es el mensaje, más silencio requiere para ser recibido.

Llegará el momento en que lo que hoy parece ignorado se revelará como una evidencia compartida.
Mientras tanto, mantengamos la tranquila confianza de los sembradores.
Porque la semilla ya está en la tierra, y la Tierra ya ha elegido.

Firmado: Voz de la Sageocracia

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