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Las Estructuras

Cómo se organiza la Sageocracia, de la persona al país, según el principio de la gobernanza distribuida.

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La cuestión de la organización

Cómo organizarse sin jerarquía piramidal

Una de las cuestiones más concretas que plantea todo proyecto de transformación es la de la organización. ¿Cómo un movimiento que rechaza la jerarquía piramidal evita caer en la ausencia de estructura, que produce a menudo, en la práctica, jerarquías ocultas más opacas que las oficiales a las que han reemplazado?

¿Cómo articular la autonomía de los individuos y de los colectivos locales con la coherencia necesaria a escala mundial? ¿Cómo distribuir la autoridad sin disolverla? Estas cuestiones han sido planteadas, a menudo dolorosamente, por todos los movimientos que han buscado funcionar de otro modo, y muchos han perdido en ellas su coherencia, su eficacia, o ambas.

La Sageocracia aporta a estas cuestiones una respuesta estructurada, fundada en un principio que no es una aspiración sino una arquitectura: la gobernanza distribuida. No la ausencia de estructura, sino una estructura cuyo principio organizador es radicalmente distinto del de las jerarquías clásicas.

Lo que no se ve gobierna lo que se ve.

Los cinco niveles de estructura

  • El individuo Sageócrata
  • Los colectivos locales
  • El país y su pueblo
  • Sageocracia Internacional (asociación)
  • El protocolo mundial (registro + Mapamundi)

Ni una jerarquía, ni la anarquía

Estos cinco niveles no son los pisos de una pirámide, el nivel superior no ejerce autoridad sobre el nivel inferior. Son escalas de organización, cada una dotada de su soberanía en su ámbito de organización, vinculadas por principios de coherencia más que por lazos de subordinación.

Principio organizacional

La gobernanza distribuida

La gobernanza distribuida es uno de los principios que plantea la Constitución viva: decidir lo más cerca posible, allí donde la situación se comprende con más acierto, la mayoría de las veces junto a quienes viven sus consecuencias.

En una jerarquía piramidal, la autoridad circula de arriba abajo: las decisiones se toman en la cima y se transmiten hacia la base para su ejecución. Este modelo tiene un límite estructural fundamental: sitúa la autoridad allí donde está más alejada de las consecuencias reales de las decisiones.

Quien decide en la cima de una pirámide no vive, en su cotidianidad, los efectos de lo que decide. Esta distancia entre la decisión y sus consecuencias es una de las fuentes principales de las disfunciones de las organizaciones jerárquicas, no porque quienes deciden sean malintencionados, sino porque carecen estructuralmente de la información que solo la experiencia directa puede proporcionar.

La gobernanza distribuida invierte este principio. La decisión más coherente sobre un asunto dado se toma allí donde la situación se lee con más precisión: la mayoría de las veces, lo más cerca posible de las personas que viven directamente las consecuencias de esa decisión, porque son ellas quienes tienen la información más completa, la motivación más directa para decidir bien, y la responsabilidad más inmediata frente a los resultados. Este modelo se practica, bajo formas diversas, en numerosas organizaciones, cooperativas, colectivos autogestionados, democracias participativas locales. Lo que la Sageocracia aporta es una arquitectura coherente que permite aplicarlo a todas las escalas al mismo tiempo.

Jerarquía piramidal

  • Autoridad concentrada en la cima
  • Decisiones alejadas de sus consecuencias
  • Información filtrada al ascender
  • Responsabilidad diluida hacia abajo

Gobernanza distribuida

  • Autoridad allí donde se viven las consecuencias
  • Decisiones tomadas por quienes están implicados
  • Información directa, no filtrada
  • Responsabilidad clara e inmediata
Arquitectura

Los cinco niveles de estructura

I

El individuo Sageócrata

La célula fundamental de la Sageocracia es el individuo, la persona concreta, con su historia, sus capacidades, sus límites y sus compromisos, que elige funcionar según los tres principios en su vida cotidiana. Esta célula está dotada de una soberanía total: ninguna estructura sageocrática puede dictarle cómo vivir su Sageocracia. La elección de inscribirse, de sumarse a un colectivo, de contribuir a uno u otro ámbito, todo ello es personal. Este primer nivel es el más importante de todos, porque es el que da a todos los demás su realidad. Un movimiento cuyos miembros no practican los principios que afirman no es más que una arquitectura vacía.

II

Los colectivos locales

Desde ahora, nada obliga a esperar: una calle donde la gente se conoce vive mejor enseguida. Cada uno puede sumarse a lo que alimentará, alojará y cuidará mañana, o fundarlo: una granja cooperativa, una cooperativa de energía, un organismo de suelo solidario, un centro de salud, una obra compartida, una moneda local. Estos lugares no tienen por qué llevar el nombre de Sageocracia, y cada uno sigue en ellos bajo la ley común; son, sin embargo, su preparación más segura. Ningún colectivo puede servirse de este nombre para exigirle su dinero, sus bienes o su tiempo, ni un juramento de adhesión. Lo que se le propone sigue siendo siempre libre, y cada uno puede irse cuando quiera, recuperando lo que aportó.

III

El país y su pueblo

Es en cada país donde se cuentan las inscripciones, y es el pueblo de cada país, y solo él, quien puede elegir la Sageocracia, por su voto. Los contextos son muy distintos de un país a otro: cada pueblo encuentra su propio camino, en el marco de sus instituciones democráticas. Ninguna red ni ninguna organización habla en su nombre. Cuando, en un país, hay suficientes adultos inscritos, las vías democráticas existentes pueden abrirse para que esa elección tome una forma política. El día fijado, el Parlamento devuelve la ley al pueblo: la decisión parte entonces siempre de lo más cercano, el custodio de un lugar, después la comunidad, la región y el país, cada uno en lo que le concierne; un Consejo de la Sageocracia, cada uno de cuyos miembros es aprobado por el pueblo, propone las leyes, y es el pueblo quien decide.

IV

Sageocracia Internacional

La asociación Sageocracia Internacional da a conocer este proyecto. Edita el sitio sageocracy.org y lleva el registro mundial de los Sageócratas; la plataforma ha sido creada, y es gestionada, por la sociedad Aubremont. No ejerce ninguna autoridad sobre los inscritos. Es esencial comprender qué es esta asociación, y qué no es. Es la operadora del protocolo, no su propietaria. Existe para que el movimiento pueda funcionar con el rigor y la transparencia que sus principios exigen, no para ejercer una autoridad sobre el movimiento. Su gobernanza está ella misma organizada según los principios de la Sageocracia: distribuida, transparente, fundada en la contribución más que en el estatus.

V

El protocolo mundial

El registro y el Mapamundi de los Sageócratas constituyen el nivel más elevado de la arquitectura, no porque ejerzan un poder sobre los niveles inferiores, sino porque hacen visible la coherencia global del movimiento en su realidad mundial. La asociación guarda su lista, que sigue siendo confidencial: los nombres nunca se venden ni se ceden, y si tuviera que cesar, esta lista sería destruida, nunca transmitida. Solo totales por país, verificados por un tercero independiente, se harán públicos, llegado el momento. Es la resultante de todas las decisiones individuales de inscripción, la suma de todos los actos cívicos de todas las personas que han elegido, libre y conscientemente, situarse en esta vía. Las inscripciones no deciden nada por sí mismas: su peso depende del número de esas elecciones, y de la coherencia de quienes las hacen.

Una demostración

Lo que esta arquitectura hace posible

La arquitectura de cinco niveles no es solo una descripción de cómo está organizada la Sageocracia. Es una demostración de lo que propone para la sociedad en su conjunto.

Muestra que es posible organizar un movimiento mundial sin un centro de poder que controle las periferias. Que es posible mantener una coherencia de principios a escala planetaria respetando a la vez la diversidad de las formas que esos principios adoptan en contextos diferentes. Que es posible crear una infraestructura común sin que esa infraestructura se convierta en un instrumento de dominación.

En este sentido, la organización interna de la Sageocracia es ella misma una demostración. La coherencia entre el fondo y la forma no es un ideal por alcanzar algún día. Es una exigencia desde el primer día.

La vida ya no es algo que haya que ganarse.

Lo que se pide

Para apoyar la Sageocracia, no se pide nada más que la inscripción, libre y revocable: ni candidatura, ni validación, ni padrinazgo. No funda ninguna pertenencia. Cuenta, simplemente, país por país, entre quienes reconocen esta dirección como justa.

Todos los niveles de compromiso son legítimos

Algunos permanecerán en el primer nivel, practicando los tres principios en su vida cotidiana sin sumarse a un colectivo. Otros fundarán o se sumarán a colectivos locales. Otros se comprometerán en la gobernanza de la asociación. La Sageocracia no mide el valor de un compromiso por su visibilidad o por su estatus, sino por su coherencia.

Este mundo ya está aquí.

La estructura ya está aquí. Espera a quienes eligen ocupar su lugar en ella. Inscribirse es contarse, libremente, en el registro mundial de las personas que reconocen esta dirección como justa.

Inscribirse gratuitamente Comprender el mecanismo →