Profundización

¿Y si lo esencial ya no se comprara?

Alimentarse, tener un techo, recibir cuidados, aprender: en una sociedad sageocrática, estas necesidades ya no dependen de lo que uno puede pagar. Lo esencial está garantizado para todos, sin condición.

Des personnes de tous âges et de toutes origines récoltent ensemble tomates, fruits et légumes dans une serre-jardin lumineuse — l'essentiel comme bien commun, accessible à tous en Sageocratie.

Hemos acabado por poner precio a aquello que, sin embargo, condiciona toda vida: la alimentación, la vivienda, el cuidado, el acceso al saber. Se ha vuelto tan natural que ya ni lo pensamos. La Sageocracia plantea una pregunta sencilla: ¿y si lo esencial ya no tuviera que comprarse? No por generosidad, no por utopía, sino porque una sociedad se juzga por lo que garantiza a cada uno, pase lo que pase.

Qué significa «bien común»

Un bien común es lo que pertenece a todos sin pertenecer a nadie, y de lo que nadie puede ser privado: el aire, el agua, los suelos. La Sageocracia propone añadir lo esencial para la vida —la alimentación básica, la vivienda, los cuidados, la educación, el agua, la energía necesaria—, organizado también como bien común, accesible sin condición ni contrapartida. No es la abundancia para todos; es un umbral de dignidad por debajo del cual ya nadie puede caer. Y tampoco es un comunismo: cada cual conserva los bienes de la vida ordinaria —sus herramientas, su vivienda, sus pertenencias—. El desplazamiento solo afecta a aquello de lo que depende la supervivencia.

La dignidad no se merece

Un alfarero atraviesa una larga enfermedad. Durante meses, no puede producir nada. Sin embargo, su acceso a la alimentación, a la vivienda y a los cuidados permanece intacto: estos recursos no dependen de su actividad. Cuando se restablece, retoma a su ritmo; la comunidad no tuvo que compensar su ausencia: simplemente la acogió. Ahí está el corazón del proyecto: la dignidad de una persona no depende de su capacidad de contribuir, la precede. Se objetará: sin la obligación, ¿quién trabajaría aún? Lo más probable es lo contrario. Una vez levantado el miedo a carecer, la pregunta deja de ser qué gano para volverse qué tiene sentido para mí, y la respuesta casi nunca es no hacer nada.

Lo que cambia, concretamente

Una sociedad se reconoce por la manera en que cuida a quienes no pueden cuidar de sí mismos. Garantizar lo esencial a todos, desde el principio, no es un sueño lejano: es una elección de organización, financiada con recursos que ya existen, simplemente reorientados hacia lo que hace vivir. El resto —lo que enriquece, amplía, profundiza— se sigue obteniendo de otra manera. Pero ya nadie cae por la sola razón de no poder pagar.